18 may. 2010

Gedeón de festejos en la Gran Vía de 2010

Gedeón ha estado presente en las fiestas del Centenario de la Gran Vía y pudo comprobar que los madrileños continuamos igual de fiesteros que en su época.


GEDEÓN: -Disculpe usted las trazas que traigo, pero es que he estado con el Alcalde-Presidente en un agasajo.
Luego di un paseo por la pradera de San Isidro Labrador para ver el ambiente. Muy concurrido estaba aquello, aunque eché en falta al buhonero de todos los años que montaba un número más o menos así:


¡Pasen y vean, señores
a la bestia corrupia.
Al pato que hace cua cua 
cuaaatro meses que no come,
y al gato que come serrín
y caga tablones!

(Gracias, Gema!)

Estimado amigo, si para los madrileños de aquellos tiempos los festejos de San Isidro coincidentes con la llegada del cometa Halley eran la repanocha, esto del centenario de la Gran Vía me ha dejado boquiabierto y patidifuso.

¡Y lo bien que se veía la Gran Vía con la alfombra azul!

Le digo con sinceridad que me he pasado por el cielo de los madrileños en busca de don Francos Rodríguez, Aguilera, Romanones y Peñalver; también fui en busca de Sallaberry, Octavio, y todos los arquitectos que participaron en las obras de la Gran Vía y sus edificios. Tenían allí arriba su propio festejo, un poco anticuado sabe, con discursos de los que aburren y todo eso, pero festejo al fin.

Por el agujerito asomaron, supongo yo que con una menopea del quince, beodos de felicidad, aquellos ilustres señores.

Al arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor, constructor de la Telefónica, se le subió el ego al ver en su edificio la película esa que pusieron.
Hay que decir que un poco asustados estábamos, porque si nos parecían cosas de otro mundo las películas de los Lumière, ¡imagínese usted lo que representó ver ese despliegue de sonido, luz y color!

Con una máquina fotográfica de las de ahora pude captar ese momento. Algunos de los asistentes, pegados unos a otros como en el tranvía de Cuatro Caminos, se quejaban de que mi sombrero les cortaba la visual, otros que si les pinchaba con el bastón, y los más suspicaces decían que iba oliendo a alcanfor.
Menos mal que por allí andaban muchos chulapos y chulapas, y gollescos también, entonces mi vestimenta no desentonaba.

Mire; vea que película más moderna:


También capte unas instantáneas de la Gran Vía con su alfombra azul. Por fortuna San Isidro nos dio tregua y la tarde se quedó soleada, aunque por momentos venía un biruji interesante.
Mucho llamó mi atención ver a los paseantes depositando sus sentaderas en plena calle. Unos se sentaban, otros se tumbaban, y algunos hasta merendaban en la pulcra alfombra azul.
A decir verdad, antiguamente, si veíamos un culo depositado en la vía, era por susto o atropello de un coche o un tranvía.


Por la noche, luego de disfrutar de conciertos al aire libre -me gustaron los de la Red de San Luis, muy propios de mi época- llegaron los fuegos de artificio. ¡Que maravilla! 
Digo yo que tuvo que suponer muchos Reales al Ayuntamiento. Fíjese usted que cuando entró Carlos III en Madrid hubo tres noches de fuegos en El Retiro. Aquello costó 100.000 Reales Vellón, sin contar la pólvora y el salitre, que lo puso el Ayuntamiento. (Documento que habla de este tema)


Bueno; hoy nos hemos saltado la historia. Pero esto que he contado el día de mañana también lo será. Agradecido quedo por haber dejado que fuese yo el relator; le aseguro que llevaba cien años esperando este momento. ¡Que digo cien, muchos más! Tenga en cuenta que esto viene desde que Chueca y Valverde estrenaron la zarzuela.


Y ahora, acabado ya el homenaje a la Gran Vía con este despliegue de fuegos, le invito a tomar café al Fornos y disfrutar de la tertulia que en estos momentos estará en pleno apogeo.


Ya verá. Algunos dirán que por qué era azul y no roja la alfombra; otros que lo de la Telefónica era una fantochada; y unos cuantos protestarán porque allí faltó la guardia montada y que nadie invitó a Alfonso XIII, aunque allí estaba.
Luego saltarán los poetas con una oda a la Gran Vía, o al que colocó la alfombra.
Los más intelectuales harán referencias a calles de Nueva York y se dejarán llevar por el aroma del café y el humo del cigarro... por no decir que se irán por los cerros de Úbeda.
Con ese ambiente es normal que Don Manuel se pegase un tiro en 1904. Pero esa es otra historia.

¡Anímese, hombre! El café de Fornos está bajando hacia Cibeles, por el lado izquierdo de Alcalá, justo en la divisoria de aguas. 


NOTA DEL REDACTOR:
Estimados lectores, tengan ustedes en cuenta que Gedeón vive de recuerdos entre nuestro Madrid y el de su tiempo. Si buscan el Café de Fornos se encontrarán con el Starbucks Coffee (Edificio Vitalicio).

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