2 abr. 2010

Construcción de la Gran Vía - Tercera Fase

Las viejas casas derribadas a golpe de piqueta daban paso a los "rascanubes", léxico moderno de la época con el que se denominaba a los altos edificios de la Gran Vía.

El último tramo de la gran arteria, o Avenida A, nacerá en la creada Plaza del Callao y llegará hasta la Plaza de España, concluyendo así este proyecto visionario que comenzó su andadura en el siglo XIX, se lanzaría en la primera década del siglo XX y se prolongaría hasta los años 30.

Ya estamos en la recta final, aunque la Gran Vía no es recta, algo que la caracteríza y la diferencia de otras grandes vías europeas. Hemos conocido los pros y los contras, las noticias y las personalidades ligadas al proyecto, y también la fisonomía que ofrecían los recién estrenados edificios y el aspecto apocalíptico de las obras de reforma.

Lejos de ser este artículo el punto final de la tarea de investigación, podemos decir que aún queda mucho por contar.

La Avenida A o de Eduardo Dato
El primitivo proyecto, revisado por el arquitecto Salaberry, marcaba como punto de partida de la reforma este tramo y no el de la Avenida B o de conde de Peñalver. Esto quiere decir, como hemos comentado en otro artículo, que las obras comenzaron por donde debían acabarse.



Las obras comenzaron en 1925, mientras en el segundo tramo se continuaba la construcción e inauguración de lujosos edificios y hoteles.

La noticia aparecida en 'La Voz' del 4 de febrero de 1925 da cuenta de los trámites llevados a cabo por el Ayuntamiento y el concesionario, Sr. Echevarrieta.



Una avenida ancha que se queda estrecha
Las críticas sociales fueron muchas desde 1910, pero en este último tramo hacían eco de lo evidente, el proyecto había quedado antiguo y este tramo de la Gran Vía, cuya finalidad era ser una calle ancha, se quedaba estrecha.

El diario 'El Sol' del 6 de julio de 1927 anuncia esta noticia:


"¿Cómo he cogido yo este sombrero ancho que me queda estrecho?", escribía el periodísta Julio Romano en un artículo del  'Nuevo Mundo' de 1929. Y añadía con cierta gracia: "¡Que estrechas son estas calles anchas!".

En 1931 el arquitecto Sr. Muguruza, conocedor como pocos de las necesidades modernas de las grandes ciudades, hará este comentario al Diario de la República 'Crisol':

"El actual trazado de la Gran Vía presenta el grave inconveniente de la circulación lateral, pues si bien es cierto que la amplia vía es una gran arteria, resulta dificilísimo el relacionarse con las calles paralelas por la estrechez de verdaderos callejones como la calle del marqués de Valdeiglesias, la del Clavel. Y llegamos a los tapones de Hortaleza y Fuencarral, por donde la circulación, pese a los esfuerzos municipales, no ha podido aún ser resuelta". 

Los derribos de la Avenida A
En 1928 poco se había avanzado en las obras. 
Quedaban muchas casas por derribar, y seguía en trámite el expediente para aumentar su anchura de 25 a 35 metros, con lo cual, como ya se había construido la primera casa por la alineación de la derecha, había que ganar los 10 metros por la izquierda. 
Esta situación obligaba a expropiar varias fincas de ese lado, entre ellas la iglesia de los Padres Jesuitas (Convento de la Compañía de Jesús) en la calle de la Flor, que con el trazado del proyecto en ejecución se había logrado salvar.



Finalmente los jesuitas vendieron la propiedad a una sociedad americana.

La Avenida A tendrá una longitud de 545 metros. Estará formada por 12 manzanas, seis a cada lado, y con ellas desaparecerán las calles de Altamira, Peralta, Federico Balart, Rosal, Parada, Eguiluz, San Cipriano, Santa Margarita y Conservatorio.

Entre las casas que desaparecerán está el número 7 de la travesía de la Parada, los números 76, 78 y 80 de la calle Jacometrezo, las 14, 16, 13 y 37 de la calle de Tudescos y las 11 a 29 y 14 a 30 de la calle de Silva.

En 1925 se estaban derribando las casas número 8 al 14 y las 13, 15 y 17 de la calle San Bernardo.
En la calle de la Flor Baja serán derribadas las casas número 2 al 20 y 24 al 30.

De la calle Leganitos serán derribadas las casas número 38, 40 y 42, y de la calle de los Reyes las número 29 al 31 y de la plaza de Leganitos la número 3.

El Mercado de los Mostenses también será derribado, en este caso con acierto, ya que mantenerlo en aquel emplazamiento, más allá del punto de vista sanitario y estético, sería un absurdo. Un establecimiento de venta de pescado, aves y caza con fachada a una calle de lujo hubises sido un error mayor que el cometido con el ancho de las calles laterales. 

Las fotografías inferiores muestran el estado de las obras de reforma en 1929. 
En la primera podemos ver una panorámica de la ya bautizada avenida de Eduardo Dato, al fondo la Plaza de España. Debajo una aproximación en la actualidad.

La segunda fotografía está tomada desde la calle de Leganitos; debajo una imagen actual de los edificios que ocupan ese espacio vistos desde el lado contrario.





La rasante
Si la rasante del primer tramo de la Gran Vía con la Red de San Luis, y el segundo con la Plaza del Callao, habían traído de cabeza a los constructores, el tercer tramo no podía quedarse atrás.
Si bien la diferencia en este caso era pequeña, en su terminación, entre las calles de San Bernardo y final de la de Leganitos, se vieron obligados a elevar la rasante en 0,90 metros en la calle de los Reyes, Leganitos, plaza de España y Duque de Osuna.


La Gran Vía en 1931
Bueno es recordar aquella Gran Vía recién estrenada o darla a conocer a las nuevas generaciones de madrileños que, como yo, poco conocían de la apasionante historia de éste gran proyecto.
Las fotografías y las noticias de la época son buen soporte para visualizar aquella monumental 'calle ancha'.

La fotografía inferior muestra el estado de la Gran Vía y su acceso a Plaza de España.


En estas fotografías podemos ver un tramo de la acera derecha del tercer trozo de la Gran Vía y una foto actual de la misma zona.



Otra vista, en este caso de la acera izquierda, y una aproximación con la actualidad desde otro ángulo.





Entrega de la Gran Vía
Las obras se concluyen en 1931 aunque la urbanización estaba terminada en 1929, a falta de los servicios.
La entrega definitiva se realizará el 22 de septiembre de 1932, sin embargo muchos de sus edificios no serán acabados hasta pasada la Guerra Civil.
El gran proyecto llegaba a su fin después de 22 complicados años.

Pero la más emblemática arteria de Madrid no sólo será una calle lujosa plagada de hermosos edificios y centro neurálgico del comercio madrileño. Muchos acontecimientos ocurrirán con el correr de los años en esta avenida, tantas veces rebautizada, y que forman parte de la historia más reciente de España.


Los edificios de la Avenida Eduardo Dato - Tercera fase de la Gran Vía



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